Benito Fernández debuta en el desarrollo inmobiliario con un proyecto de autor en La Plata que fusiona moda, arquitectura y real estate. El edificio apuesta a una estética distintiva y al concepto de “nuevo lujo”.
“La casa ya no es solo el lugar donde se duerme”: la frase se volvió casi un síntoma de época después de la pandemia y, en este caso, ayuda a entender el corazón de un proyecto que busca redefinir qué significa vivir bien. Benito Fernández, uno de los diseñadores más reconocidos del país, se mete por primera vez en el desarrollo inmobiliario con una propuesta que mezcla moda, arquitectura y una idea contemporánea de lujo.
Por primera vez en su carrera, el diseñador Benito Fernández deja el universo textil para desembarcar en el real estate con su impronta personal. El proyecto toma elementos de las texturas, las estampas, la alta costura y el arte latinoamericano para construir una experiencia residencial distinta, pensada bajo el concepto de “nuevo lujo”.
El emprendimiento tendrá una inversión de casi US$4 millones y se construirá en calle 51, en una de las zonas de mayor movimiento de La Plata, cerca del eje fundacional, del Pasaje Rodrigo, del Mercado Baxar y del corredor que en los últimos años comenzó a consolidarse como La Plata Soho. La principal novedad no pasa por los amenities ni por la ubicación, sino por su sello: llevará la firma conceptual de Benito Fernández.
“Si miro para atrás, mi padre era médico cardiólogo y terminó haciendo edificios. Hoy lo recuerdo y pienso: hay un patrón que se repite. Siempre me interesó la moda en relación con lo social, pero también la arquitectura. Muchas veces iba en un taxi, veía un edificio o un terreno y pensaba cómo lo reformaría. La idea edilicia siempre estuvo en mi cabeza”, contó Benito Fernández a LA NACION horas antes de la presentación de su proyecto.
El desarrollo se presenta como un caso particular dentro del mercado local, donde la asociación entre moda y real estate todavía es poco frecuente. “Todo lo que es la unificación de arquitectura, diseño, desarrollo inmobiliario con diseñadores de moda se ve a nivel mundial en las brand residences. Pero a nivel nacional no se había hecho algo así con un diseñador local”, sostuvo Gonzalo Massey, desarrollador de Benito Residences.
Para Benito, la moda tiene una ventaja frente a otras industrias: su capacidad de adaptación inmediata. “La moda es lo que más rápido nos interpreta y entiende las necesidades que tenemos. En la pandemia, al mes ya estaban los barbijos, después los portabarbijos”, explicó. Esa lógica fue clave para pensar el edificio, que empezó a imaginarse hace varios años, incluso antes de la crisis sanitaria, y fue mutando tanto en su forma como en su localización.
La pandemia cambió la relación con la vivienda: el aislamiento de 2020 desplazó las prioridades y transformó la casa en oficina, gimnasio y refugio, además de hogar. Hoy, además, es un espacio de encuentro. Sobre esa base aparece la gran pregunta que ordena el proyecto: qué significa hoy vivir bien.
“El lujo cambió”, resume Benito. Para él, ya no depende solo de materiales costosos. “Para mí el lujo es poder trabajar desde cualquier lugar, que en mi casa se puedan recibir los paquetes, que un cuarto tenga lugar para una cama de 2×2 y que además entren las mesas de luz”, señala. El diseñador participó en todo el proceso, no solo aportando su identidad estética.
Massey coincide en que la impronta del creador le da al proyecto un valor diferencial. “Benito es una persona que trasciende su rubro, tanto por su impronta como por su combinación de texturas y colores. Eso llevado a un desarrollo, genera un producto único”, afirmó.
El mercado, sin embargo, deberá validar esa apuesta. El desarrollador reconoce que el proyecto se ubicará por encima del valor promedio de la zona. El lanzamiento está previsto en torno a los US$2600 por metro cuadrado, con una expectativa de llegar a entre US$3200 y US$3400 por metro cuadrado una vez finalizado. Según Massey, la diferencia frente a un metro cuadrado estándar puede rondar el 35%.
El edificio contará con 33 unidades, desde monoambientes y departamentos de dos ambientes de entre 43 y 49 metros cuadrados, hasta semipisos de 93 metros cuadrados y dúplex premium de hasta 194 metros cuadrados. Las unidades más chicas partirán desde valores cercanos a los US$100.000 en el lanzamiento, mientras que los departamentos de dos dormitorios, con dos baños y living con cocina integrada, se ubicarán cerca de los US$200.000. La financiación prevé un anticipo del 40% y el saldo en 24 cuotas, mitad en dólares y mitad en pesos ajustados por CAC. La intención es iniciar obra entre septiembre y octubre, con un plazo de ejecución estimado entre dos años y medio y tres años.
La elección de La Plata no es casual. Benito aseguró que no quería comenzar por la Ciudad de Buenos Aires porque buscaba “hacer algo más federal”. Massey, que es platense, explicó que primero evaluaron distintas ciudades del país y que la idea era impactar en una plaza especial, más allá de la lógica habitual de arrancar por CABA.
La capital bonaerense ofrece escala urbana, tradición arquitectónica, vida universitaria, movimiento comercial y una zona en plena transformación, donde el diseño gana protagonismo. “Es una ciudad que fue diseñada por una persona que dijo que tenía que ser de determinada manera. Eso ya habla de una estética particular y nosotros nos emplazamos en una zona inmejorable”, resumió el arquitecto Daniel Mandaglio, a cargo del proyecto junto con su hermana Claudia Mandaglio.
Para los arquitectos, trabajar con un diseñador de moda implicó salir de la zona de confort. “Fue una experiencia diferente, disruptiva, porque del otro lado está Benito con su ADN, su impronta y su personalidad, y había que dar una respuesta acorde”, explicó Claudia.
El desafío principal fue evitar que la participación del diseñador quedara reducida a una simple ambientación. “No se trataba de poner estampas en un lobby y listo. La arquitectura tenía que absorber esa identidad sin perder funcionalidad”, señalaron.
En esa lógica, moda y arquitectura aparecen como disciplinas unidas por el diseño y por la necesidad de interpretar al habitante. “Moda y arquitectura comparten el diseño. Después se implementan de diferente manera, pero en ambos casos hay que interpretar a la persona que va a habitar”, sostuvo la arquitecta.
La fachada fue concebida como una suerte de “telar urbano”. El edificio tendrá balcones ondulantes y una envolvente con parasoles metálicos en tonos dorados, como si la piel del edificio estuviera vestida. “El exterior es más calmo en su color y en su morfología. Lo disruptivo fue vestirlo, haciendo un paralelismo con la moda”, explicó Daniel.
La puerta de entrada será azul, un gesto pensado como marca. Benito ya imagina que, si el concepto se replica en otras ciudades, cada edificio pueda tener una puerta de distinto color.
En el interior, la propuesta cambia por completo. El lobby será el espacio de mayor impacto visual, con doble altura, formas orgánicas, un tapiz diseñado por Benito, estampas, texturas y una paleta mucho más expresiva. “El edificio tiene el ADN de Benito, que viene de la mano de los colores y las texturas. Se trató de implementarlo sobre todo en el interior”, agregó Claudia.
La idea del nuevo lujo también se expresa en servicios pensados para resolver situaciones cotidianas: paquetería, lockers, conserje, una habitación de huéspedes, coworking, terraza con piscina y solarium, un espacio fitness y un hall concebido no solo como lugar de paso, sino como ámbito de reunión. “Que pueda ser un lugar para recibir a alguien que no tiene la confianza de entrar en mi casa”, planteó Benito.
El diseñador incluso pidió detalles concretos vinculados con el uso cotidiano del edificio, como un perchero con bolsas para las necesidades de los perros y un bicicletero. “Quise participar en la forma de vida de quienes lo habiten, en qué es el lujo para mí hoy”, contó.
La habitación de huéspedes también responde a esa mirada: permitir recibir familiares o amigos sin resignar privacidad dentro del departamento. “Es una suerte de poder compartir, pero seguir manteniendo la privacidad”, explicó Claudia.
En términos de evolución del mercado, este proyecto refleja una tendencia que en los últimos años ganó fuerza: el pasaje del lujo entendido como ostentación al lujo asociado con confort, flexibilidad, privacidad y experiencia de uso. Tras la pandemia, la vivienda incorporó funciones múltiples, y los desarrollos premium comenzaron a priorizar superficies más eficientes, espacios comunes versátiles y servicios que resuelvan la vida diaria.
Análisis y proyecciones: si la propuesta logra sostener su diferencial estético sin resignar funcionalidad, podría abrir una nueva categoría de desarrollos “de autor” en el mercado argentino. El desafío será comprobar si la marca Benito Fernández puede traducirse en mayor valor percibido y en velocidad de comercialización en un segmento que, aun en contextos de volatilidad, suele premiar la singularidad, la ubicación y la calidad arquitectónica. También será una prueba para medir hasta dónde el público local está dispuesto a pagar por identidad, diseño y concepto en un producto inmobiliario.
Benito define el proyecto con una frase que repite: “Es el nuevo lujo”. Y, cuando se le pregunta qué debería sentir alguien que viva en un Benito, responde sin dudar: “Comodidad. Un lujo a través de sensaciones, en lo visual y en la espacialidad. No sentirte asfixiado, no sentirte rígido. Sentirte libre”.




